Quién fuera huésped fugitivo
entre los pliegues de tu piel,
polizón entre los surcos de tu vientre,
perfecta simetría de tu marcada delgadez.
Quién ladrón de la imagen
del espejo en el que te espío.
Mendigo de una luz que nunca llega.
Parece que los días, ante tu presencia
huyeran de tu perfilado cuerpo
atlético y esbelto,
olímpico reflejo de un deseo.
Apresurados resplandores sin porcentajes,
Inalcanzable sosiego del pedaleo.
Tal vez no debiera escribir esto, pero mi edad
ya no se permite el privilegio de callar.
No busquéis otras palabras detrás de estas.
Empujado por tu imagen de amazonas
elegí Beethoven,
metáfora que tal vez ahora desdiga
y prefiera la ceguera.
Y así, sin prisas,
Leer el braille de tu cuerpo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario