jueves, 28 de marzo de 2013


NÓMADA  DEL  TIEMPO
Compartir la tristeza,
hombre sin fe creyendo en tu milagro,
la deuda del robo de la infancia cobrado en esperanzas.
Esa infancia del muslo atravesado
en el jardín de las horas muertas
desde el que vi,
-nadie me creyó-  sobre un tejado
andando a un hombre con un mulo.
Este es mi secreto de aquellos años,
del que aún hoy exijo su posesión.
Mi derecho a ser lo que no fui.


Nómada también de ti,
mano y puente que siempre me salvan.
Un día leeré tus versos
y me sentiré felizmente culpable
y me sabré compensado si pronuncias mi nombre.

Entonces descubriré que mereció la pena
la pérdida y la espera.
 Y volverán los libros y tu belleza.

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