NADIE Se habituó a la soledad, a hablar consigo mismo,
como quien se habitúa a la metódica toma
de su diaria medicación.
Se habituó a los sonidos sin respuestas
en forma de palabras que engañan y tergiversan
los silencios.
Nadie llamando a la puerta,
Nadie a la mesa compartiendo platos vacíos.
Nadie para deshacer una cama, también vacía.
Se acostumbró, juro que se acostumbró.
Las lágrimas son otra cosa.
No sabe porqué, pero no cesan.
Aprendió a contenerlas para no perderse en el llanto.
No habló con nadie,
se inventó esta sed de lágrimas y bebió de ellas.
Ahora se mantiene a la espera de una mano infantil
que le acompañe a cruzar otros puentes.


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