Ninguno se llevará nada
y aún así continuamos
acaparando bienes inservibles
en las maletas de un tiempo prestado.
Todo se quedará aquí
y aún así posponemos con desganas
ciertos besos y sueños por entregar.
Convencidos de jugar sobre seguro,
negábamos la evidencia de la partida perdida.
Guardamos en la manga el billete
y aguardamos el último tren.
No habrá más esperas.
Nadie nos acompañará.

Muy bueno
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