Un día deberían llover lagrimas,
obligarnos a cerrar los paraguas del miedo
para empaparnos de la sal de la vida
que trasportan a mares desconocidos,
por todo lo que perdimos
por lo que no regresará
y permitir que las tuyas y las mías
se entremezclen en un solo abrazo.
Tú y yo un mismo llanto.

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