
Según sus
manos, [las de él]
sus pechos
eran lo de menos.
Lo de más
era la larga silueta de su figura
en las
despedidas, después de apagar la sed.Sed que siempre regresaba al envolverse
una vez más en el sudario de olor carnal
que la noche les había robado.
Lo de más
eran sus manos, [las de ella]
cuando se
perdían entre su cabello,jugando a formar caracolas marinas,
embravecido
mar de su quietud.

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