jueves, 7 de noviembre de 2013


PADRE PADRONE
Pasó la infancia escondido en el rincón de las ausencias, refugio donde no le alcanzaban los gritos, y donde el  silencio le ayuda a olvidar tantos golpes y correazos.
Pasaron los años, el dolor, los miedos. Atrás quedó el anhelo de conseguir cambiar el amargo calor de los moratones por un gesto, una palabra de ternura.
 
Pasaron también el odio y la rabia cuando pronunciaba el apellido que le unía a aquella inocencia vilmente robada.
 
Hoy, sin saber porqué regresaron esos fantasmas mientras limpiaba, sin reproches, la lápida que le separaba indefectiblemente del abrazo que nunca llegó.


 

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