PADRE PADRONE
Pasó la infancia escondido
en el rincón de las ausencias, refugio donde no le alcanzaban los gritos, y donde
el silencio le ayuda a olvidar tantos golpes
y correazos.
Pasaron los años, el
dolor, los miedos. Atrás quedó el anhelo de conseguir cambiar el amargo calor
de los moratones por un gesto, una palabra de ternura.


Los niños son chivos expiatorios, para algunos cobardes.
ResponderEliminar